Tropiezo para pensar
Lunes, 1 de Octubre del 2012 Por Redacción
Por Juan Manuel Bethencourt:
El Tenerife dejó escapar dos puntos que mereció en uno de esos partidos trabados que terminan con mal sabor de boca. No todo fue negativo en el duelo disputado ayer en el Heliodoro, hubo detalles esperanzadores, pero también nos topamos con una evidencia que a estas alturas puede resultar hasta oportuna: no todo está hecho, el futuro de este equipo ha de construirse a través del sacrificio.
El equipo compareció muy frío al terreno de juego, una circunstancia que pesó en el desarrollo posterior del juego, pues el Zamora fue uno de esos típicos rivales capaces de crecerse a medida que avanza el partido y el equipo teóricamente superior no marca gol. Los blanquiazules tuvieron su oportunidad en la primera mitad, pero no fueron capaces de desnivelar la contienda, de modo que el paso de los minutos comenzó a generar ansiedad. Más aún cuando el equipo castellano logró adelantarse en una contra a poco de iniciada la segunda parte. Un equipo dormido, un balón manso perdido por Yeray, un ataque fulgurante por banda y la exigencia de remontada que aparecía por primera vez en el Tenerife de esta temporada. Poco tardó Aridane en establecer la igualada, a pase certero del recién ingresado Suso, y a partir de ahí los blanquiazules, con mucha mayor mordiente en ataque, encadenaron los mejores minutos del partido, un momento en el que la victoria pareció factible, de hecho la vi casi inevitable porque el gol se intuía por todas partes. De nuevo tuvo el Tenerife opciones para sellar el triunfo, pero a Suso le faltó temple en un mano a mano, mientras que el guardameta visitante, el mejor, de largo, en su equipo, sacó manos milagrosas para evitar el doblete de Aridane y un tiro seco de Luismi Loro que también parecía gol. El Tenerife se diluyó en los últimos minutos, agotado por las prisas que no debió sufrir, porque esta clase de partidos es preciso resolverlos por la vía rápida, cosa que el equipo de Álvaro Cervera no hizo ayer, empeñado en un juego tieso y chato durante demasiados minutos. En el plano positivo, hay que decir que la presencia de Jesús Álvaro en el equipo titular no desmereció lo más mínimo, fue de lo mejor del once blanquiazul al replicar con solvencia el juego ofensivo por el carril zurdo que siempre ofrece el titular en el puesto, Raúl Llorente. En el debe, el dubitativo rendimiento de Amado como defensa central, un futbolista de limitados recursos que parece claramente inferior en el puesto a, por ejemplo, David Medina. Menos mal que Bruno dio el paso adelante que se espera de él y arregló muchos problemas en defensa. También es cuestionable el nivel exhibido por Cristo Martín, cuyo juego ha perdido peso hasta niveles alarmantes, mostrándose liviano, intrascendente, más empeñado en los arabescos inútiles que en hacer daño de verdad al equipo contrario. Cristo tiene que pensar sobre por qué ha descendido su prestación, o de lo contrario el técnico tendrá que forzarle a hacerlo con una estancia en el banquillo. Tampoco Yeray, que es un futbolista con maneras, puede ausentarse del partido como lo hace, tiene que poner más intensidad en el juego, y no en el banco, expulsado como fue por un comentario en dirección al árbitro que derivó en irascible actitud tras ver la tarjeta roja, algo impropio de un chico inteligente, llamado a exprimir sus opciones y convertirse en un buen futbolista, que hechuras tiene para ello. Todo esto son cuestiones relacionadas con la tarea de un entrenador, que tiene que demostrar mando y hacerlo con naturalidad, porque este Tenerife sigue líder y, lo que es más importante, sigue siendo el dueño de su destino deportivo.




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