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Sin liderazgo

Martes, 26 de Junio del 2012 Por  

Por Juan Manuel Bethencourt:

Miguel Concepción decidió sumarse el pasado domingo a la desorientación que aturde al Club Deportivo Tenerife en prácticamente todas sus esferas. Lo hizo como colofón de una jornada triste en la que quedó sellado el destino inmediato de la entidad, condenada a transitar una temporada más enla SegundaDivisiónB. La grada se resignó con la suerte del equipo y se expresó a través de una caótica invasión de césped que tuvo de todo: algún lance agresivo muy minoritario, reconocimiento para los futbolistas anímicamente más afectados por la derrota antela Ponferradina, fotos y carreras a pie de campo, un abucheo sonoro para la figura del presidente.

A esas alturas ya se sabía que Concepción convocaba a los medios para una declaración unilateral sin preguntas que seguiría a la comparecencia de ambos entrenadores. Una herramienta semejante suele utilizarse cuando el protagonista de la noticia tiene algo muy importante que decir y prefiere por ello ser muy preciso en las palabras. Se eluden por ello las preguntas, pues la respuesta a las mismas puede desenfocar el mensaje principal, como la hojarasca que invade el pavimento en las tardes de otoño hasta cubrirlo por completo. Teniendo en cuesta todo esto, puro conocimiento elemental en comunicación, parecía claro que el presidente del Tenerife pretendía producir algún mensaje relevante, cargado además de solemnidad y pronunciado en momento crítico. ¿Y qué dijo Miguel Concepción? En realidad, nada, salvo que seguirá al frente del Tenerife luchando para devolverlo a las categorías que le corresponden. Pero todo esto resulta ciertamente incomprensible, no que el presidente del Tenerife siga en el cargo, sino que exhiba la rara habilidad de hablar (o callar) siempre del modo menos oportuno con el formato menos adecuado. Para empezar, resulta obvio que el escrito de dos folios leído por Concepción, muchas palabras de ánimo y una felicitación al ganador de la eliminatoria, fue redactado antes de comenzar el encuentro del pasado domingo. Se diría incluso que a Concepción le prepararon dos discursos, uno para la victoria y otro para la derrota, y leyó este último como si fuera un autómata, sin atender a lo ridículo de la situación. Francamente, una pieza oratoria semejante es mejor no escribirla antes de disputar un encuentro decisivo, del mismo modo que es de muy mal gusto poner a enfriar el champán antes de que empiece a correr el balón. Son cuestiones elementales de la comunicación, del fútbol y si quieren incluso de la vida. Así que, una vez equivocado de modo clamoroso en el formato, casi dio lo mismo el mensaje de Miguel Concepción y su enésimo ejercicio de voluntarismo. Al final nos quedamos con la impresión de que todo seguirá igual, lo que es tanto como aventurar que los resultados futuros del equipo serán también los mismos. Nada de lo que dijo el presidente del Tenerife el pasado domingo era cuestión urgente, ni tampoco hubo en su alegato mensaje concreto alguno. Las incógnitas se mantienen, en toda su extensión, y el presidente mantiene esa pertinaz tendencia a hablar cuando no debe y callar cuando se reclama su presencia y autoridad. Pero el liderazgo, querido presidente, le exige algo más que dos folios leídos de un modo apresurado en respuesta mecánica a un resultado deportivo, sea éste el que sea. Y lo que necesita el Tenerife ahora no son paños calientes ni palabras gastadas. Necesita precisamente eso, un liderazgo institucional que en este curso, hay que decirlo claro, también ha brillado por su ausencia.

 

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