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Mandando a parar

Miércoles, 28 de Marzo del 2012 Por  

Por Juan Manuel Bethencourt: 

Apareció Pedro Cordero para poner un punto de calma en la agitada actualidad blanquiazul. El director deportivo hizo lo que pudo en una rueda de prensa forzada por los malos resultados de una semana nefasta y los excesos del día anterior tras la derrota en el campo del Leganés. Fue valiente Cordero, o al menos fue de frente, como a él mismo le gusta decir, y logró algo que en las actuales circunstancias resulta particularmente meritorio: no metió la pata con los micrófonos delante.

Es algo que, no se equivoquen ustedes, a estas alturas resulta hasta meritorio, tal es el nivel alcanzado por Andrés García Tébar en sus comparecencias públicas. El técnico, que se define a sí mismo como un entrenador de perfil bajo, lo es desde luego por currículo, pero no por su prodigalidad retórica, en la que sabe hacer ruido, aunque por lo general en perjuicio de los colores que le pagan y por tanto de sí mismo. Perfil bajo es el de Cordero, un jornalero del fútbol, un apreciable futbolista ahora reciclado en tareas técnicas, con todo por demostrar pero parece que con dos dedos de frente, algo que en estos días atribulados se echa francamente de menos. Dado que en el seno del club se aprecia un vacío evidente de autoridad, al menos ha salido a la palestra un empleado con autoridad para reclamar sosiego, cortar la racha de desafueros y enfriar un poco el ambiente. El director deportivo confirmó al entrenador en el cargo, qué otra cosa puede hacer si resulta evidente que un cese ahora supondría jugar una ruleta rusa del todo punto desaconsejable para este Tenerife presa de la ansiedad. El relevo en el banquillo sería en todo caso el último cartucho si esto empeora en las próximas semanas. Así las cosas, Cordero ha expresado la confianza del club en García Tébar, digamos que por sentido común o mutua necesidad, y ha apelado a la madurez de los futbolistas para superar el desencuentro que mantiene la plantilla con el técnico, algo que ya nadie es capaz de desmentir. Le doy la razón al director deportivo, de quien se dice que también está solo en el club, sin el respaldo que merecería por la condición que ostenta. Si hay algo que todos debemos tener claro a estas alturas es que sólo con un nivel importante de fortaleza mental será posible pelear de verdad por el ascenso, ahora o en las eliminatorias que vendrán. Y para ello es fundamental que todos los estamentos del club, cada cual en su responsabilidad, sean capaces de aparcar por un minuto su agenda personal, sus filias y fobias, para empujar en pos de un objetivo que es más importante que los intereses de este o aquel. Es lo que Cordero quiso decir ayer, lo que hizo con cierta soltura, pero quizá sea necesario un mensaje desde más arriba, desde arriba del todo, para poner fin a tanta escaramuza inútil, para sofocar el ruido que, entre partidos malos y declaraciones absurdas, se ha instalado en el Tenerife para debilitarlo justo cuando más presencia de ánimo necesita. No estaría mal que el comandante de esta nave, el presidente Miguel Concepción, ejerciera sus funciones mandando a parar. A parar, a callar, a entrenar, a jugar y a ganar. Es todo lo que tiene que hacer el Tenerife para recuperar sus constantes vitales. Pedro Cordero hizo bien ayer al comparecer para tapar la hemorragia. La sutura le corresponde a otros.

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