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Aprender de los errores

Lunes, 11 de Julio del 2011 Por  

Por Enrique Roca:

El primer día que el Levante se presentó la pasada semana para iniciar la pretemporada, su entrenador, Juan Ignacio Martínez, se llevó a todo el equipo a comer a un restaurante de la localidad de Buñol para tener controlada en la medida de lo posible la dieta de los futbolistas. La iniciativa, puesta en marcha al tratarse de la primera jornada en la que se trabajaba en doble sesión, no sería algo aislado y está previsto que en los días posteriores se repita el hecho, e incluso con la pretemporada más avanzada, mientras el equipo esté trabajando en la ciudad deportiva y especialmente cuando el trabajo se disponga en doble sesión. El objetivo es controlar la alimentación sobre todo ahora, en las primeras jornadas en las que se acusa más la carga de trabajo físico.

Esto viene a cuento porque la temporada anterior, cuando los profesionales del Tenerife se presentaron a los entrenamientos, y se hizo el control de peso de sus futbolistas, una mayoría venían pasados de peso, pero no unos cuantos gramos, sino con algunos y bastantes kilos de mas, según los casos. De tal manera, que Gonzalo Arconada puso el grito en el cielo y ordenó que se corrigiese cuanto antes aquel desbarajuste físico-orgánico en un porcentaje alto de la plantilla que tenía por misión urgente devolver el equipo a la primera división. Después ya se vio; fueron los mismos jugadores los que pusieron en el disparadero al propio técnico vasco, al que tampoco le acompañarían los resultados, y le forzaron a salir del club para convertirse luego en la primera de las cuatro víctimas del banquillo tinerfeñista que, como todos conocemos, acabó tragándose a los malos, a los regulares y a los buenos, en un total de cuatro. No existió técnico alguno que lograse reconducir aquella plantilla que para empezar incumplió las directrices que había recibido de la propia dirección deportiva de la entidad en materia de alimentación y control de peso durante las vacaciones. Seguramente, nadie esperaba que el cúmulo de errores y abandonos de funciones de varios departamentos del Club llegase a tanto; luego ya no extrañó en demasía el comportamiento de varios profesionales que finalmente abocaron al equipo al infierno de la Segunda “B”, donde estamos. Ojalá los responsables actuales sepan atemperar estos hechos. Por ello se denuncia ahora.

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