Aterrizando en Segunda B
Martes, 5 de Julio del 2011 Por Redacción
Por Luigi Benedicto Borges*:
El Tenerife, si las negociaciones con los futbolistas quieren, jugará la temporada que viene en Segunda División B. Para los más aficionados más veteranos (y para los encargados de las estadísticas en los medios de comunicación) será el momento de remover viejos recuerdos y desempolvar viejos archivos. Para buena parte de la masa social del club, será una experiencia nueva, sin precedentes en su memoria.
El representativo no tocaba la categoría de bronce del fútbol español desde 1987. Los jóvenes que vivieron desde primera fila el ascenso del club de la mano de Oltra y compañía nunca han visto al equipo transitar por esa categoría. Tampoco quienes gritaron como locos el gol de Huguito Morales y se desesperaron al año siguiente con Pepe Mel y el Mono Montoya. Y mucho menos los que vivieron la época dorada del club, donde el equipo, entre otros méritos nacionales y europeos, no sólo fue capaz de arrebatarle dos ligas al Real Madrid, sino que quedó posicionado por delante del equipo blanco en la temporada 95-96, algo impensable en la actualidad.
Para todos ellos, la situación es nueva y preocupante. Pero no es el momento de desbandadas, sino de sacar a relucir un compromiso que brilló por su ausencia en la mayoría de los que vistieron la casaca blanquiazul la pasada temporada. La afición que se ha subido a la locomotara del tinerfeñismo en los últimos 25 años debe ser consciente de que es una parte fundamental en el nuevo y enrarecido proyecto de Concepción, Cordero y quién sabe si Pina y la familia Pozzo. La unión que se ha forjado entre el club y la afición en las dos últimas temporadas debe mantenerse en la presente, sea o no inspiradora la pospuesta campaña de abonos. Esa que ni existía en las anteriores seis temporadas del club en el abismo del fútbol.
En Segunda B, el Club Deportivo Tenerife debe ser el enemigo a batir, como ya se está demostrando con la inquina que despierta en los foros y medios de comunicación afines a los principales rivales y como demuestra la relativa facilidad con la que se está haciendo con los derechos de jugadores muy codiciados en el mercado de la categoría.
Por el bien del club, cuyas arcas está por ver si resistirían más de una y de dos temporadas en una categoría semiprofesional, el Heliodoro Rodríguez López deberá lucir sus mejores galas en la presente temporada. Y a poco que el equipo enfile el inicio de la Liga con buen pie (suponemos que ya con un entrenador en el banquillo) es de esperar que el espectador, joven y no tanto, no de la espalda al club. Ni en casa, ni fuera, donde la más que probable inclusión del equipo en el grupo de los equipos madrileños facilitará los viajes a la capital.
Lo dicho. Una temporada en una categoría que cualquier birria hubiera deseado no volver a pisar nunca, pero que con entrega y algo de la suerte que nos esquivó la temporada 2010-2011, puede ser un nuevo renacer. Aunque en el palco no esté Javier Pérez.
*Luigi Benedicto Borges es periodista de EL MUNDO.




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